Eran pasadas las 11 de la noche cuando aquel hombre entró al
Bar. Alto, bien parecido, chaqueta de
cuero, jeans y guantes negros. Se sentó en la barra y pidió una cerveza sin
embargo algo llamó la atención de Marta, el hombre no se quitó los guantes.
Marta había llegado con sus amigas de la oficina un par de
horas antes y los “appletinis” ya le estaban haciendo efecto, cada hombre que
veía en el bar era un potencial novio. Desde la barra, el hombre de los guantes
observó al grupo de amigas y continuó tomando su cerveza.
Las mujeres se dieron cuenta que eran observadas por aquel
hombre. Marta se levantó y dijo –“Vengo en un instante, tengo que averiguar si
las intenciones de ese hombre son buenas o malas” y camino tambaleándose hacia
la barra.
“Hola guapo”, le dijo al hombre mientras se acomodaba junto
a el en la barra.
El hombre solo volteo a ver y respondió “Hola”.
“Oye, vi que tu nos estabas observando desde hace rato. ¿Tienes
algún plan con alguna de nosotras?, ¿Quieres invitar a desayunar a alguna?, yo
estoy disponible si quieres”, le dijo Marta con una voz entrecortada.
El hombre continuó tomando su cerveza, mientras lo hacía su
mente sólo imaginaba lo que ocurriría si se quitara los guantes. Esa noche, el
se había prometido que no liberaría a la bestia, esa noche seria normal. Esa
noche, el no mataría.
CONTINUARA…

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